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Cien por cien leche de cabra payoya de Grazalema, la raza autóctona que pasta entre el quejigal y la roca caliza del parque natural, y una maduración corta de cuarenta a sesenta días. Ese punto temprano es deliberado: La Pastora de Grazalema busca aquí la amabilidad, no la potencia. La pasta sale blanca, casi luminosa, con una cremosidad que todavía cede bajo el cuchillo y una corteza fina y discreta. En nariz predomina lo láctico limpio, con un recuerdo herbáceo que viene del pasto. En boca es suave, mantecoso, con la acidez justa y ese punto de cabra que se insinúa sin llegar a marcar: es el queso que convence a quien dice que no le gusta el queso de cabra, y el que los niños se comen sin preguntar. Piezas completas al vacío de aproximadamente 0,9 kg. Consumir a temperatura ambiente con un pico de pan.
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