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Pedro Ximénez sobremadurada en la propia cepa, no asoleada en el suelo como manda la tradición: la uva se deja pasificar colgando, lo que concentra el azúcar de forma natural y reduce drásticamente el rendimiento. Ximénez-Spínola convierte esa materia prima en un blanco singular, fermentado hasta dejar azúcar residual y criado cuatro meses sobre lías en roble americano. El color es dorado brillante, denso en copa. En nariz aparecen el higo, la pasa y unas notas de bollería y miel que delatan la sobremaduración, sin llegar en ningún momento al territorio del vino dulce clásico. En boca es untuoso pero fresco, con una acidez que sostiene el conjunto y un dulzor natural, moderado y elegante que se disuelve limpio. Producción muy limitada. Sirve a 10 °C con foie, quesos azules, postres de fruta o simplemente solo.